Testimonios

Aunque la iglesia a la que pertenecía me había ayudado, yo me consideraba un caso perdido y mi autoestima estaba en el piso, sin embargo Dios me entrego una nueva oportunidad con la Doctora de Psicología Cristiana que con paciencia y comprensión me hizo creer nuevamente que podía salir adelante, al encontrar la raíz y el origen de mi problema, desarrollando sus tareas y con el trabajo en equipo.

Ahora Dios me volvió a dar la capacidad de tener sueños y la esperanza de una vida mejor.

Pilar M.

 

 

Llegué deprimida, muy triste, muy desorientada, no le encontraba sentido a la vida. A pesar de conocer a Dios y saber que Él era mi sustento, sentía muchísima rabia con Él, sentía que me había abandonado, no me sentía protegida por Él. Su palabra dice que sus hijos nunca serán humillados, pero yo sentí que Él permitió que me humillaran…que me pisotearan.

Yo justificaba el maltrato de mi esposo, en la idea de que a Dios no le gusta el divorcio y seguí allí incluso hasta perder todo mi amor propio.

Hoy, soy consciente que todo lo que me pasó yo lo permití y lo hice en mis fuerzas. Yo no le quise creer a Dios, mi matrimonio estaba fuera de su voluntad y desobedecí pues pensé: ¿Si toda tu vida has sido recta y buena…porque habría de equivocarme? Y así mismo, me equivoqué.  

Ya hoy se, que Él debe ser el centro de mi vida, ahora puedo orar y tener una mejor relación con Él.

 

Anónimo

 

 

Estuve sumergida en la oscuridad del engano, la mentira, la falta de respeto, a raíz del adulterio de mi esposo con mi mejor amiga. El sufrimiento, la frustración y la tristeza se apoderaron de mi vida, por un instante creí perdidos los anos de amor y entrega a mi hogar. a pesar de la situación, Dios comenzó a actuar en mi vida, y puso en mi camino una serie de situaciones y personas que me ayudaron a ver el perdón como una posibilidad, partiendo de la premisa del arrepentimiento sincero de mi esposo. Tuvimos apoyo psicológico y mi psicóloga fue un ángel que el Señor puso en mi camino para aprender y entender lo que Dios quiere de mi como mujer, como esposa y como madre.... Hoy me siento totalmente libre y enamorada de la vida y de mi esposo. Comprendi que con el resentimiento me hacia dano a mi misma y eso proyectaba a los demas.

Mi matrimonio ha superado esta prueba de Dios y se ha abierto a un mundo de posibilidades en un nuevo circulo social, donde el alcohol no tiene cabida. Donde brilla la transparencia y la honestidad y la confianza se esta recuperando.

Solo en Dios podemos lograr el perdón, el arrepentimiento y finalmente la libertad.

Ximena.

 

 

Era una persona que permanecía triste, sin consuelo, que dependía siempre del hombre, se llamase líder, Pastor, esposo, familia. Necesitaba siempre la aceptación de los demás.

Ahora soy una persona confiada plenamente en Dios, dependo netamente de Él, vivo feliz independiente de lo que pase, día a día pidiendo hacer su voluntad todos los días de mi vida.

 

Anónimo